
La carretera narra el viaje de un padre con su hijo en un mundo desolado por un holocausto nuclear. Un mundo cubierto de cenizas, en la que la mayoría de los hombres ha caído en el canibalismo, y "esperanza" parece una palabra sin sentido.
El libro es muy duro, deprimente, aunque deja cierto margen a la esperanza, si se avanza en la trama. Las descripciones de acciones violentas o de degradación son lacónicas y crudas. A la hora de recomendar el libro a otras personas, es esta crudeza el primer inconveniente que cabe plantearse.
Aunque tras una primera lectura puede parecer que toda la trama se sustenta, en definitiva, sobre la confianza en Dios y la esperanza, una lectura más atenta permite intuir que McCarthy no necesariamente alcanza esa perspectiva, y que bien podría moverse en un plano más inmanente: el hombre es capaz de resistir lo que sea por fuerza de voluntad o por solidaridad con los seres queridos. Si hay un porqué, se resiste cualquier cómo... aunque el motivo no esté muy justificado.
En sus libros, McCarthy suele deja abierta una puerta a la esperanza,... aunque en ocasiones no es fácil percibirlo.