
Dos novelas en una, dos historias distintas: El pasajero, en un avión hundido falta un pasajero; y Stella Maris, el nombre de un psiquiátrico. Dos historias unidas por la vida de dos hermanos, Bob y Alice, que en ocasiones se entrelazan. Su padre fue uno de los creadores de la bomba atómica. Bob, tras estudiar física se da cuenta que “no se puede explicar lo inexplicable” y se dedica al buceo y es uno de las buzos que descubren el avión. Alice, por su parte, es una enferma bipolar ingresada en un psiquiátrico, Stella Maris.
McCarthy publica estas dos novelas después de dieciséis años de silencio con diálogos intensos y, en ocasiones, subidos de tono. La novela no resulta sencilla de seguir, se hace pesada, intervienen muchos personajes que descolocan al lector. Salta en el tiempo y, además, introduce la pasión del escritor por la teoría de juegos y la criptografía. Un McCarthy pesimista, soez y procaz deja un relato para cuestionar nociones fundamentales de la sociedad occidental como son Dios, la verdad, la ciencia y la propia existencia.