
El autor publicó en el 2009 un libro sobre este tema: América ingenua. Aportaba líneas de trabajo valiosas. En 2023 publicó este nuevo libro, que divide en dos apartados: conquista y evangelización.
En el primero analiza, en los testimonios de protagonistas y contemporáneos, tres motivos por los que los conquistadores emprendían tareas arduas: el afán de riqueza, búsqueda de honor o fama y llevar el cristianismo a esas tierras. Usar fuentes muy cercanas a los hechos permite valorar si hay coherencia entre los escritos y los hechos. Caso a caso, en los más destacados, analiza estos aspectos. El afán de riqueza está muy presente; buscar honra y fama era algo muy valorado en esa época. Difundir el cristianismo era real, pero no faltaron ocasiones en las que fue un mero trámite para proceder a la conquista, pues la ignorancia del idioma impedía una comunicación efectiva. Es verificable la repulsa ante sacrificios humanos a los dioses. La muerte de indígenas fue por luchas, por el agotamiento debido a estar sometidos a trabajos excesivos; las enfermedades para las que su organismo no tenía defensa, es una causa frecuente. También murieron de forma violenta conquistadores y por condiciones naturales peligrosas para la salud.
En la segunda parte, estudia las formas de evangelizar. Hubo religiosos que no sólo aprendieron idiomas indígenas, sino que prepararon materiales valiosos. El deseo de evangelizar de miles de religiosos llegados a esas tierras se vio frenado en ocasiones por la falta de coherencia que los indígenas podían apreciar entre los que escuchan a los misioneros y lo que veían en los encomenderos. El autor comenta aspectos de las formas de evangelizar en aquellas tierras. Fueron los religiosos grandes impulsores de lo que fueron las Leyes de indias con sus posteriores revisiones, que ayudaron a mejorar el trato; no obstante, la gran distancia entre Castilla y América impedía vigilar su aplicación con eficacia. Fueron valiosas para el derecho internacional, etc.
Hubo violencia contra los indígenas, sí; pero los datos no muestran ni genocidio ni exterminio. De los historiadores que han trabajado este tema, Elliott hace un estudio profundo que coincide en varias aspectos con lo que señala Fazio. Ni leyenda negra, ni leyenda blanca; estudio de las fuentes datos disponibles. La bibliografía que aporta es amplia.