
Es probablemente el libro más sistemático y condensado de Javier Gomá, una especie de culminación de toda su filosofía de la ejemplaridad. Aquí intenta responder, de forma unitaria, a dos preguntas clásicas: qué es el hombre y cómo debe vivir. Y lo hace proponiendo la idea del “universal concreto”: el ejemplo humano concreto que, sin perder su singularidad, puede convertirse en modelo para otros.
El ensayo tiene una ambición intelectual notable y, a diferencia de otros filósofos contemporáneos españoles, Gomá escribe con claridad, elegancia y auténtica voluntad civilizadora. Hay en estas páginas un esfuerzo serio por reconstruir una ética pública para sociedades democráticas cansadas del nihilismo y del relativismo moral. Su insistencia en la ejemplaridad cotidiana, la educación cívica, la dignidad y la imitación de buenas conductas resulta especialmente valiosa en una época marcada por el cinismo cultural y la degradación del debate público.
El libro destaca también por su tono afirmativo. No es una filosofía de la sospecha ni de la destrucción, sino de reconstrucción moral y antropológica. En muchos momentos recuerda a cierta tradición clásica y humanista europea, aunque reinterpretada desde categorías modernas y seculares. Precisamente ahí aparece una de sus limitaciones: Gomá quiere ofrecer una ética universal desligada de fundamentos religiosos fuertes, y eso a veces vuelve su propuesta algo abstracta o insuficiente para sostener plenamente las exigencias morales que defiende. Además, algunos pasajes tienen una densidad conceptual considerable y exigen atención filosófica real del lector.