
Segundo tomo de la trilogía sobre la revolución comunista china, dedicado al proceso de la ‘socialización’, entre 1945 y 1957, de una sociedad con una larga historia feudal y nacionalista frente al imperialismo occidental. El proceso para conseguir la colectivización del campo, de las finanzas, de la industria y de la cultura fue cruento, basado en las denuncias, los escarmientos populares y el ‘gulag’. Las consecuencias del proceso también fueron graves: el hambre, las enfermedades, la pobreza y las continuas detenciones. El dirigente Mao Zedong, el que sería reconocido como el gran Timonel, muestra una política errática, adaptado al tiempo y a evitar políticos que le pudieran hacer sombra, un tirano con una personalidad compleja, rayana con la patología. La cercanía de la Unión Soviética marcó estos primeros años, exportando su sistema represivo y creando una enorme dependencia económica.
Es muy interesante, aunque corto, el tratamiento del poder comunista con las religiones, budista o cristiana, y especialmente la presentación de los desconocidos mártires católicos. El libro muestra un exceso de documentación, mucha procedente de los archivos estatales que, si bien hace perder el hilo de la lectura también le da una seriedad y profundidad que lo convierte en un libro imprescindible para conocer el desarrollo de las revoluciones comunistas y comprender a la China de hoy.