
Los dictadores son cada uno hijo de su padre y de su madre; una cosa tienen en común, han ejercido un control total sobre sus gobernados, la mayoría llegan con el apoyo de gran parte de sus ciudadanos que, pierden poco a poco, pero lo compensan creando miedo y terror. El dictador siempre se presenta como salvador, incluso mesías, y constructor de un país. Viven alejados de la realidad y fabrican un mundo a su medida y deseo. Buscan el paraíso y abren las puertas del infierno. Pronto buscan un nombre que los defina, “padrecito”, “führer”, “gran timonel”…
Dikötter hace una introducción sobre los dictadores en general y luego resume la biografía de los que para él son más significativos, Stalin, Mussolini, Hitler, Mao, pero también otros de medio pelo, pero no por ello menos terribles, como Ceaucescu, Kim-Il-Sung, el haitiano Duvalier o “papa Doc” y Mengitsu, de Etiopía. Podría haber incluido a otros, incluso algunos democráticos, pero según Dikötter están representados los perfiles mejor definidos; los otros son réplicas. Además, desgraciadamente, la lista hubiese sido demasiado larga.