
Carrère es uno de los novelistas europeos más reconocidos. En esta ocasión, ha querido homenajear a su madre, Hélène Carrère d’Encausse, con la que tuvo un desencuentro a raíz de una de sus publicaciones anteriores.
La familia materna huyó de la revolución bolchevique, siendo ella una niña, y se integraron en Francia. No fueron años fáciles, pero ella alcanzó las posiciones más elevadas como especialista del imperio soviético y conocedora de la Rusia de Gorbachov y de Putin, por lo que fue asesora de los últimos presidentes franceses.
Además, fue miembro de varias academias, consejera del Banco Europeo, eurodiputada, vicepresidenta de la Comisión Europea de Exteriores y Defensa, presidenta del Consejo Económico para la Inmigración, doctora honoris causa de veinte universidades, Gran Cruz de la Legión de Honor y secretaria vitalicia de la Academia Francesa. No es de extrañar que, a su muerte, se le oficiase un funeral de Estado.
El libro es biografía, autobiografía, novela y reportaje; permite conocer a su madre y a su padre en la intimidad, se retrata a sí mismo con su compleja personalidad, aparecen personajes y familiares propios de una novela y, además, expone sus experiencias y viajes en Rusia, Georgia y Ucrania tras el colapso del comunismo.
Hélène Carrère d’Encausse fue una mujer religiosa, ortodoxa de origen, pero con muy buena relación con la Iglesia católica y, cuando vio llegar su final, decidió retirarse a un centro de cuidados paliativos para entrar en “el pasillo”, como ella misma decía, y esperar la muerte, a pesar de la incomprensión de sus hijos, en el momento y en la forma que Dios considerase.
Es un libro de grandes pretensiones donde se descubren momentos apasionantes y otros de poco interés, con un Carrère comedido y, aunque siempre deja entrever su resentimiento religioso, respeta las creencias de su madre, que un día también fueron suyas.