
Byung-Chul Han (Seul, 1959) estudió Filosofía en la Universidad de Friburgo, Literatura Alemana y Teología en la Universidad de Múnich. En 1994 se doctoró en Friburgo con una tesis sobre Martin Heidegger. Es autor de más de una veintena de libros.
En la contraportada se indica que: "Tras sus famosos ensayos de crítica negativa del régimen neoliberal, en esta y novedosa obra el célebre filósofo Byung-Chul Han emprende no ya un viraje, sino una verdadera superación hacia una alentadora visión del hombre. En el espíritu humano anida la capacidad de hacer fecundo lo más yermo. Guerras, migraciones masivas, atentados, catástrofes climáticas, crisis y pandemias: escenarios apocalípticos nos confrontan con una inminente amenaza de hundimiento y extinción. Y, mientras vamos de catástrofe en catástrofe, nuestra verdadera vida se asfixia y se ve reducida a una pura supervivencia. Sin embargo, de la desesperación más profunda nace también la esperanza más íntima. La esperanza nos abre tiempos futuros y espacios inéditos, en los que entramos soñando. Es toda una manera de existir, que no resulta de hechos dados, sino que posibilita nuevos acontecimientos precisamente cuando más imposible parecían."
En este breve e interesante ensayo sobre la esperanza, Byung-Chul Han nos ofrece una esmerada y sugerente descripción fenomenológica de algo tan esencial para la vida humana como es la esperanza. Aporta una visión optimista sobre esta cuestión, en continuo diálogo con numerosas figuras representativas del mundo del pensamiento contemporáneo, especialmente filósofos. En estos diálogos aprovecha sus intuiciones más valiosas y lleva a cabo la correspondiente crítica de los puntos más débiles. Para que esta lectura resulte más provechosa se requiere un cierto conocimiento de la filosofía contemporánea y poder, así, sintonizar mejor con las ideas que el autor desea transmitir. Su estilo fenomenológico evita las definiciones, y va construyendo su pensamiento con sucesivas descripciones que van mostrando, poco a poco, su núcleo central.
Ya, desde el comienzo afirma, por ejemplo, que "la esperanza supone un 'movimiento de búsqueda'. Es un intento de encontrar asidero y rumbo. Quizás sea precisamente por eso que nos lanza hacia lo 'desconocido', hacia lo 'intransitado', hacia lo 'abierto', hacia lo que 'todavía no es', porque no se queda en lo sido ni en lo que ya es. Pone rumbo a lo que 'aún está por nacer'. Sale en búsqueda de lo 'nuevo', de lo totalmente distinto, de lo 'que jamás ha existido'. La esperanza nos permite 'escapar de la cárcel del tiempo cerrado'." Efectivamente, el hombre sería un ser abierto intencionalmente al futuro, evitando todo tipo de solipsismo que conduce a la angustia.
Más adelante, afirma: "En la Epístola a los Romanos leemos: 'Ahora bien, si lo que se espera ya está a la vista, entonces no es esperanza, porque ¿para qué esperar lo que ya se está viendo' (Rom 8, 24). La modalidad temporal de la esperanza es el 'todavía no'. Ella está abierta a lo 'venidero', a lo que 'aún no es'. Es una actitud espiritual, un 'temple' anímico que nos eleva por encima de lo ya dado, de lo que ya existe. Según Gabriel Marcel, la esperanza está trenzada 'en el tejido de una experiencia en curso, metida en una aventura que aún no ha terminado'. Esperar significa 'conceder un crédito a la realidad', tener fe en ella, dejarle que se preñe de futuro. La esperanza nos hace 'creer en el futuro'. El miedo, en cambio, nos hace perder toda nuestra fe y resta crédito a la realidad. Por eso, impide el futuro."
A lo largo de la exposición va contrastando su modo de pensar con lo que afirman otros filósofos, teólogos, políticos, literatos: Spinoza, kant, Hegel, Nietzsche, Wittgenstein, Camus, Eric Fromm, Ernest Bloch, Arendt, Moltmann, Celan, Heidegger, Kafka, Václev Havel, etc. Por ejemplo, según Nietzsche, la esperanza sería afirmación de vida, se asemejaría a un embarazo. Sería estar preparado para el nacimiento de lo nuevo. Por otra parte, Václev Havel no sitúa la esperanza en la inmanencia del mundo, sino que supone que viene de otra parte, de una 'lejanía'. Hunde sus profundas raíces en lo trascendente. Esta esperanza es absoluta, porque no depende del curso intramundano de las cosas.
Byung-Chul Han muestra una orientación realista y sugerente sobre la esperanza, aunque se mueve siempre en una óptica fenomenológica. Si se quisiera fundamentar, con más rigor, la esperanza absoluta se debería acudir a la metafísica del ser, que facilita un mejor acceso a la trascendencia, a Dios como Ser Supremo. Es un ensayo que invita a reflexionar sobre la esperanza y, en último término, sobre la esperanza cristiana. Es una lectura estimulante y recomendable.