
En este breve ensayo, el autor hace un acertado diagnóstico de la sociedad actual, concretamente del neoliberalismo occidental. El punto de partida de sus reflexiones es la crisis de la libertad. El neoliberalismo parece defender la libertad individual, pero en realidad, el “sujeto” (literalmente, “estar sometido”) se encuentra bajo un control mucho más riguroso que el de los regímenes totalitarios con la apariencia de libertad. Ya no es necesario recurrir a métodos violentos para obtener información de los individuos: ellos se prestan gustosos (y aparentemente, con toda libertad) a ser controlados por los Big Data. Ahora no hay un enemigo que nos someta, sino que nosotros mismos nos sometemos al “ojo que todo lo ve”, un panóptico (estructura carcelaria para controlar mejor a los presos) que acumula una información más completa sobre nosotros mismos que la que nosotros mismos podamos obtener. Se trata de un Gran Hermano amable que controla todas nuestras preferencias, sin quitarnos la sensación de libertad. Al hilo de estas reflexiones da pinceladas sobre aspectos cuestionables de la sociedad, que en la actualidad se asumen acríticamente por el capitalismo de la emoción (no basado en el discurso racional).
Frente a la sociedad “controlada” el autor propone la “idiotez”, tomada en su sentido etimológico: el que se dedica a sus asuntos propios, y no a la vida social. A ese estado puede retrotraerse el individuo a un estado previo al del “sujeto” para mantener una cierta distancia al sometimiento social.
Es un ensayo sociológico y filosófico de indudable interés que ayuda a pensar de modo crítico en los valores actuales. Sin embargo, la propuesta que nos ofrece (si llega a haberla) parece poco radical. El diagnóstico es acertado, pero no parece encontrarse una vía de solución. Dios está ausente del discurso; las escasas alusiones a la religión se refieren a las propiedades “divinas” a las que aspiran las nuevas tecnologías.