
El objetivo del libro es dar pautas para gestionar el enojo de un modo positivo con una perspectiva cristiana que pone a Dios en el centro de la existencia. La tesis de la que parte es que es una emoción universal y muchas veces mal comprendida. Lo importante es que no controle nuestra vida. Para eso se requiere crecer en introspección, conocimiento propio y madurez personal que llevan a desentrañar aspectos más profundos de nuestra personalidad y de las experiencias del pasado.
En primer lugar hay que aprender a distinguir el enojo “bueno” del “malo” y reconocerlos abiertamente. Enseguida será muy importante buscar las causas del enojo, identificar los desencadenantes para poder anticipar y prepararnos para ese momento. Luego recomienda realizar una canalización constructiva a través de actividades que mejoren nuestras relaciones y bienestar. El siguiente paso es una comunicación efectiva, es decir expresarlo de manera asertiva y no agresiva, se trata de tener una comunicación abierta y honesta con los demás. Y la última fase es la reflexión y el auto cuidado por medio de la meditación, el ejercicio y todo lo que disminuya su intensidad y promueva una mente más tranquila y equilibrada.
Es muy interesante todo lo que afirma sobre gestionar nuestras emociones de modo más efectivo y consciente, usar el enojo para motivar un cambio positivo, liberar el resentimiento, los disgustos, el sentimiento de rechazo y la ofuscación que se estaban gestando en nuestro corazón hace tiempo. Especial relieve tienen los temas sobre cómo enseñar a los hijos a tratar con el enojo y la importancia del perdón hondo y sincero con la ayuda de Dios y el recuerdo de la historia del pueblo elegido.
Al final brinda una guía de 13 sesiones para fomentar el debate en pequeños grupos, clubes de lectura o equipos de estudio en el lugar de trabajo. Son ejercicios encaminados a sanar nuestras relaciones y hacer cambios reales en la propia vida. Me parece un texto muy recomendable para todos.