
Como el autor ha dedicado varios libros con este mismo título a cónyuges, hijos, novios, etc., debo aclarar que éste va dirigido a los cónyuges. El autor parte de su experiencia como mediador matrimonial para resolver conflictos. Es un medio poco frecuente en España, pero si el mediador lo hace bien, puede lograr que ambos sepan qué lenguaje de los cinco mencionados, demanda su cónyuge. Entre otros mostrar el afecto, realizar tareas del hogar, tener detalles de cariño, la escucha atenta y acertar con la manifestación corporal idónea, una caricia y otras formas de intimidad matrimonial, son varios citados. Ver a un cónyuge sufriendo porque ve al otro enfadado, sin saber cómo resolver la situación, da sentido al deseo de una comunicación verbal y no verbal identificable por ambos. A veces pensamos que es obvio lo que deseamos transmitir, pero la comunicación no es idónea si no llega clara al destinatario. Pensar que a estas alturas ya debe saberlo, puede llevar al equívoco de suponer que lo que para mí es obvio lo es también para el otro. Quizá no arregle de forma permanente la comunicación, pero puede ser una notable ayuda para superar una crisis, a la vez que evita dar por supuesto que el otro sabe bien lo que esperamos de él. Si la forma de comunicarse es clara, delicada y certera, es posible evitar algunos enfados.