
El subtítulo indica claramente el tema del libro: Cuestiones filosóficas de la educación. Se trata de una perspectiva antropológica donde el centro es la persona. El autor invita a pararse a pensar la educación. Es necesario recuperar el sentido radical de la educación para aprender eficazmente a ayudar a crecer. La novedad principal respecto a otras obras sobre el tema es la vinculación que establece entre educación y vida familiar. La familia es el ámbito propio de la formación permanente de los hijos por ser precisamente su origen.
En el libro se subrayan dos ideas: la persona como hijo -con carácter indigente- y el hombre como ser de proyectos porque él es un proyecto. Éste pasa necesariamente por la familia y una buena enseñanza. La crisis de la educación radica en que el hombre no quiere ser hijo, desea una autonomía inalcanzable y no quiere reconocer que es un ser débil, necesitado de ayuda. Es una obra recomendable para quienes se dedican a la tarea educativa pues sus observaciones son tan sencillas como profundas.