
Es la continuación y la conclusión de la autobiografía de Roald Dahl: la primera parte es Boy. En estas páginas, Dahl deja atrás la infancia y nos lleva con paso franco y muy personal por sus años de juventud. Se refiere a los viajes por África para trabajar con Shell, cuenta anécdotas exóticas y, a veces, hilarantes del continente, y finalmente su entrada accidental y vertiginosa en la Segunda Guerra Mundial como piloto de la Royal Air Force.
La prosa es directa, a menudo irónica y salpicada de imágenes y escenas que muestran tanto el placer de la aventura como la vulnerabilidad humana ante el peligro.
Es una lectura absorbente; mezcla ternura y agudeza. Las anécdotas están tejidas con un sentido del ritmo narrativo que mantiene el interés; son escenas breves y potentes que dejan recuerdo.
Los valores que transmite son la valentía y la resiliencia ante el peligro y la adversidad, sin heroísmos grandilocuentes, sino con honestidad y sentido práctico. Celebra el asombro ante lo desconocido y el gusto por la vida. Por último, muestra humildad ante la fragilidad humana, pues el autor no maquilla sus errores ni sus miedos; eso lo hace más creíble y cercano.
El libro se lee con gusto y deja una doble impresión: la del viajero que busca maravillas y la del hombre que aprende a sobrevivir. Todo contado con el humor y la economía verbal que hacen de Roald Dahl un narrador inconfundible.
Ha sido un bestseller, con más de trescientos millones de libros vendidos en el mundo.