Veo a Satán caer como el relámpago

[Je vois Satan tomber comme l'éclair]
Año: 
1999
Género: 
Público: 
Editorial: 
Anagrama
Año de publicación: 
2016
Páginas: 
256
Valoración moral: 
Género: Pensamiento
Sin inconvenientes.
Requiere conocimientos generales en la materia.
Lectores con formación específica en el tema.
Presenta errores doctrinales de cierta entidad.
El planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos o se oponen a las enseñanzas de la Iglesia.
La obra es incompatible con la doctrina católica.
Calidad literaria: 
Recomendable: 
Transmite valores: 
Contenido sexual: 
Contenido violento: 
Lenguaje vulgar u obsceno: 
Ideas contrarias a la doctrina de la Iglesia: 
La calificación de las distintas categorías proviene de la opinión de los colaboradores de Delibris

El libro se presenta como una obra de corte apologético, en la que Girard muestra –aplicando su tesis sobre el papel que los “sacrificios victimarios” tienen en el origen del mito y la configuración de las sociedades– la radical e inexplicable diferencia existente entre los mitos religiosos clásicos (y sus ciclos de muerte-resurrección-divinización de la víctima) y el cristianismo, a pesar de las similitudes que pueden apreciarse en un nivel superficial. Como el autor mismo señala en la introducción, el trabajo adopta la perspectiva propia de la etnología y la antropología cultural, de modo que omite las referencias estrictamente sobrenaturales.

Se trata de un ensayo de indudable interés, especialmente si ya se tiene cierta idea de las tesis del autor; en caso contrario, aunque el texto permite hacerse cargo de las mismas, el lector puede acabar con la impresión de que Girard no fundamenta sus tesis principales. Pero esto se debe a que no es este el fin del trabajo: lo que el Autor pretende es que, si se aceptan las tesis que ha defendido en otras obras, éstas iluminan de un modo nuevo los textos bíblicos y hacen que no se puedan considerar en el mismo nivel de los mitos clásicos. 

En esta tarea, sus interlocutores principales son Nietzsche, los etnólogos “clásicos” que intentaban reducir el cristianismo a un mito más, y los exégetas del protestantismo liberal y sus demitizaciones. Y Girard no les ahorra críticas, denunciando los prejuicios que se aprecian en su modo de trabajar.

Desde un punto de vista doctrinal, el libro produce una sensación ambivalente: aunque posee numerosos elementos valiosos (como cuando muestra la diferencia entre la violencia bíblica y la mitológica), las referencias directamente teológicas suelen no coincidir con la doctrina católica. Así, por ejemplo, Girard considera que su tesis ayuda a entender que el Satán bíblico no es un ser personal (según él, ésta es la tesis de la mejor teología tradicional), sino el modo de designar el “proceso victimario en sí mismo” que lleva a la “emulación competitiva”. En general, el Autor intenta mostrar cómo la Biblia es una “denuncia” de los mecanismos victimarios y de la emulación destructiva, y esto hace que Girard tome muchos textos interpretados de un modo histórico o literal por el Magisterio y los Padres y los convierta en modos mas o menos oscuros en los que se denuncia el susodicho proceso victimario. Esta reinterpretación, si bien es con frecuencia sugerente, en ocasiones llega a contradecir el sentido literal del texto, u obliga a forzarlo notablemente. 

Junto a esto, y ya desde un punto de vista más estrictamente filosófico, el modo de exponer las diferentes cuestiones prima los procesos sobre los individuos. Y aunque se aprecia que no se quiere reducir el hombre a sus circunstancias, o a convertirlo en una marioneta del proceso victimario, es inevitable la impresión de que el individuo mismo acaba perdiéndose en el proceso. Esto lleva a que algunas afirmaciones parezcan inconsistentes (aunque esto podría ser una consecuencia de que el Autor esté dando por supuestas cosas trabajadas en otras obras): por ejemplo, la noción clave de “deseo mimético” parece obviar en exceso la existencia de las tendencias naturales humanas..

P.V. (España, 2016)