
En esta ocasión, Deville —escritor-reportero de hechos que permanecen en la nebulosa de la historia quien con acierto y una buena técnica literaria publicó libros que nos llevaron a la intrahistoria del Congo, México o Vietnam— recoge experiencias que ha vivido: bastantes en América Central —especialmente en Nicaragua—, algunas en Honduras y menos en Panamá. El hilo de la narración es un personaje extraño, aventurero y alocado, William Walker, que desde su fracasada “presidencia” en la República de Sonora llegó a Honduras, con un grupo de mercenarios, para terminar en una playa ante un pelotón de fusilamiento.
Sobre Walker escribe el narrador de la novela desde un hotel de Managua y a través sus evocaciones, pesquisas, recorridos y encuentros son mostrados conquistadores, libertadores, dictadores y revolucionarios, figuras como Gonzalo Fernández Oviedo, Bolívar, Francisco Morazán, Narciso López, Antonio de la Guardia, el Che y su sombra –el agente doble Che .50—, Ernesto Cardenal, Sergio Ramírez... Sin embargo, algunos personajes resultan de escaso interés.
Los capítulos saltan, frecuentemente, de una época a otra y de un personaje a otro, lo que puede dificultar un tanto la lectura.