Amar para siempre

El ensayo es el tercero de una serie que el autor pretende escribir sobre los trascendentales de la verdad ("El dilema de Neo"), el bien ("Ética para valientes"), el amor (este título) y la belleza (los tres primeros publicados en Rialp). Va desgranando de forma racional los elementos y los inconvenientes que se han presentado en la posmodernidad al amor fiel y hasta la muerte en el matrimonio y combate todos los clichés culturales en contra de un amor matrimonial "tradicional".
Si bien la erudición y elocuencia del autor no pueden ser puestas en duda, y como en otras obras el autor investiga y aporta bibliografía abundante sobre el tema —tanto de sus posiciones como del argumentario de los que se han manifestado en sentido contrario— parece que este ensayo no aporta demasiado a quienes de forma general aceptan el amor tradicional en la familia. El autor parece situarse en constante confrontación con quienes han defendido los postulados de la posmodernidad (aunque hace referencia a los fenómenos actuales que se presentan como novedosos y liberadores) y, por tanto, el libro puede entrar en diálogo con ellos pero no aporta al público general, aunque de hecho su visión del amor matrimonial sea positiva.
Llaman la atención varias cosas; por ejemplo, en primer lugar, en una obra como esta no aparece reflejada en ningún momento la referencia a Dios. Trata de defender la fidelidad matrimonial desde un punto de vista racional-intelectual y sale bastante bien parado, pero a pesar de los numerosos argumentarios a favor, el lector puede alegar que la numerosa experiencia en contra o la dificultad para la reparación de la infidelidad, por no hacer referencia a Dios, quedan en el aire. La trascendencia (epílogo) del amor matrimonial apela a la épica y a la epopeya, que humanamente es cierta, pero se queda corta.
Por otro lado, sólo se mencionan dos citas de C.S. Lewis (una de "Cartas del diablo a su sobrino" y otra de "Los cuatro amores") cuando de entrada uno pensaría que una obra como "Los cuatro amores" podría ser traída más a colación.
Sorprende también un poco el capítulo segundo, donde el autor afirma que el amor a uno mismo, en verdad, solo hace referencia a la autoestima y al autorrespeto (y dentro de este, el cuidado), pero que el amor solo es transitivo si se orienta a otro. Explica que el amor a uno mismo sería más una categoría moral que una parte o resumen del decálogo que tomar al pie de la letra y que hay que quedarse (no es literal) con el "amaos como yo os he amado". Si bien es cierto que el autor cita a Jn 13, 34, no hay que olvidar que cronológicamente la revelación primero enseñó a amar como a uno mismo y solo después a amar como Él amó. El ensayista intenta salir al paso con el excesivo "quererse" y "cuidarse" que la sociedad del bienestar enuncia hoy día, pero, intentando rebatir esto, no termina de acertar con el argumento.
Por último, el libro, ensayo filosófico muy bien construido y argumentado, parece que carece de alma, y por eso creo que ni al lector general actual, y menos al joven-adulto de hoy día, aporta demasiado, ya que su interés está más en aprender a amar y a amarse que en combatir el argumentario "progresista".
