
El hecho de que Dick sea considerado uno de los más grandes novelistas de ciencia ficción no justifica, a mi parecer, clasificar su obra como ciencia ficción sin más. Ciertamente, emplea las técnicas propias del género, pero su narrativa puede considerarse anticipatoria, visionaria y, en cierto modo, panorámica, abarcándolo todo: sondea el alma, crea paisajes metafísicos y explora las profundidades del pensamiento religioso humano.
Este libro no es más que un análisis ficcionalizado de los desarrollos —llevados a extremos utópicos— a los que conducirían ciertas ideas sobre la organización de la sociedad, inherentes a la esencia de cada personalidad y a menudo atenuadas por la cultura y la sociabilidad humanas: «Como en una caja china, los protagonistas atraviesan una especie de Infierno de Dante poblado por las peores pesadillas de su psique, en un viaje de formación» (tomado de la contraportada). Todo esto está aderezado con gran distanciamiento e ironía, lo que también puede interpretarse como una parábola de denuncia social de la América macartista. Desde una perspectiva literaria, respeta los cánones —como ya he indicado— del género: trama lineal, inventos ingeniosos, etc.
Desde una perspectiva moral, además de lo ya mencionado, hay algunas escenas breves y algo sensuales.
F.M. (2009)