
Ofrece una historia cultural de la psicoterapia moderna que comienza en la Viena de finales del siglo XIX y sigue su expansión por Europa y Estados Unidos. El centro del relato está en la transformación radical que supuso empezar a considerar la vida psíquica como algo susceptible de ser estudiado e interpretado.
Por sus páginas desfilan Freud, Jung, Adler y otras figuras fundamentales, pero Ayan no se limita a presentar sus teorías: reconstruye también sus personalidades, rivalidades, relaciones intelectuales y el ambiente cultural que permitió que aquellas nuevas ideas prosperaran. El libro muestra así que la psicoterapia no nació de un solo hombre ni de una única escuela, sino de un complejo entramado de descubrimientos, intuiciones, errores, controversias y cambios sociales.
Uno de los mayores aciertos es precisamente esa combinación de historia de las ideas y relato humano. Se lee con mucha más facilidad que un tratado académico y permite comprender por qué la psicología llegó a convertirse en una de las disciplinas intelectuales más influyentes del siglo XX. Ayan también resulta interesante cuando muestra que muchas de las preguntas que dieron origen a la psicoterapia siguen siendo nuestras preguntas: qué es el hombre, qué causa el sufrimiento psíquico, hasta dónde podemos conocernos y qué significa vivir bien.
No obstante, hay que acercarse al libro con cierta distancia crítica. Ayan es un excelente divulgador y presenta con atractivo las distintas escuelas, pero no pretende hacer una valoración filosófica o teológica de sus presupuestos. En especial, las concepciones de Freud y de otros pioneros sobre la sexualidad, la religión y la naturaleza humana aparecen como parte de la historia intelectual que se está narrando, no como una doctrina criticable.