
Es una novela que respira folclore y aventura. Sitúa al lector en un paisaje helado y ritual: un invierno eterno donde vive una familia fracturada que deberá enfrentarse a fuerzas antiguas para reunirse.
La protagonista, Mila, y sus hermanas forman el corazón de la historia; su determinación y el amor fraterno impulsan la trama tanto como los elementos fantásticos, como son los magos, las bestias y los secretos del bosque.
El estilo es una prosa lírica que convierte la nieve, los bosques y el frío en personajes propios. Las descripciones son ricas y facilitan sumergirse en el libro sin pérdida de ritmo.
El relato toma recursos de las tradiciones nórdicas y los articula con conflictos personales muy reconocibles: pérdida, responsabilidad, miedo y el aprendizaje de la valentía. Esta mezcla la hace adecuada tanto para lectores jóvenes como para adultos que disfrutan de la fantasía con un trasfondo de relaciones afectivas. Es accesible, mantiene tensión y ternura en proporciones semejantes.
Además del cariño entre hermanos, transmite los valores de la lealtad, la fortaleza ante la adversidad, el respeto por la naturaleza y las consecuencias de ignorarla.
Cuando se publicó por primera vez, fue ganadora del premio Blackwell’s Children Book of the Year.