
«Nuestra oración será siempre una lucha para llegar a amar más y mejorar a quienes viven junto a nosotros, día a día. Por eso, no deberíamos cansarnos nunca de pedir al Señor: “Enséñanos a orar”. La oración es nuestro deseo de amor». En un tiempo en que se percibe una creciente «sed» de espiritualidad, tanto en los creyentes como “tal vez aún más” en los no creyentes, el tema de la oración asume una importancia decisiva. Pero es preciso que sea liberado de superestructuras inútiles y de tergiversaciones.
Enzo Bianchi nos ofrece un texto precioso, profundo y de fácil lectura: redescubrir la frescura y la verdadera naturaleza de la oración cristiana, situándose de nuevo en el surco de la revelación bíblica. El texto aborda también las dificultades más comunes en la oración y ofrece respuestas e interpretaciones profundas y ricas de sentido, capaces de satisfacer la curiosidad de las personas que buscan.
“La escucha de la Palabra de Dios contenida en la Escritura, Palabra acogida, custodiada y meditada en el corazón, no puede sino desvelar en nosotros una Presencia, la presencia del Dios viviente, más íntima a nosotros que nosotros mismos (cf. Agustín, Confesiones 111,6,11). La oración nos lleva de este modo a descubrir nuestra verdad más profunda: Dios está presente en nosotros, no como fruto de nuestra búsqueda, no como resultado de nuestro deseo porque su presencia nos precede, es anterior a nuestro esfuerzo por prestarle atención, sino como don y entrega de Dios mismo a través de su Palabra”.