
Es un libro de apologética que habla de la fe con humildad y claridad. Queda patente que la caridad es servidora de la verdad. Se trata de contemplar la historia y el presente con una perspectiva de fe. El objetivo es ver la huella de Dios en la actualidad que nos rodea y descifrar los signos, los indicios de Dios como uno de los deberes de un creyente. Entre los temas que trata están los hermanos separados, los judíos, los musulmanes, el ecologismo, lo sobrenatural, algunos problemas internos de la Iglesia y termina con una Carta abierta a quien ahora es San Juan Pablo II por el 50 aniversario de su ordenación sacerdotal.
Inicia su reflexión como periodista que parte de hechos y luego como creyente profundiza con la razón iluminada por la fe. Tiene tres cualidades esta obra: expresa una fe viva y honda, una documentación sólida y un estilo ágil. El autor es consciente de que en nuestros días existe una fuerte demanda de información objetiva y sencilla expresada desde una perspectiva cristiana. Denuncia errores sin juzgar intenciones ni a las personas. Brilla el rigor y la libertad de espíritu. Es un escrito valiente y provechoso, que va contracorriente, no es “políticamente correcto”. El autor es considerado como el escritor de temas católicos más traducido del mundo.