
Como indica el subtítulo de la obra, Una historia personal es la experiencia que vivió Leonardo Mondadori, personaje conocidísimo en Italia, presidente de la más importante editorial del país, que falleció a los 56 años. Es un libro-entrevista con otro converso, Vittorio Messori donde cuenta que su proceso empezó en 1992 cuando conoció a Pippo Corigliano con motivo de las negociaciones para publicar Camino en la editorial Mondadori. Su vida anterior estuvo totalmente alejada de la fe.
El objetivo del autor es dar a conocer el cristianismo, a través de la fuerza de su experiencia vivida para que los lectores encuentren un poco de luz. Él se fascinó con las verdades católicas de un modo natural. Nada en su itinerario esta fuera de las vías ordinarias, no hay revelaciones místicas. Un sacerdote lo acompañó en el camino de un modo respetuoso y realista y se convirtió en su director espiritual. Muchas veces ante su ímpetu le decía que fuera con calma. Su conversión fue un proceso con muchas caídas pero con la voluntad de levantarse siempre.
Deja claro que su enfermedad descubierta en 1998 -cáncer en la tiroides, en el páncreas y en el hígado- no tiene nada que ver con su conversión. Messori, que es el cronista, transmite que un momento decisivo para este hombre apasionado del arte y promotor de muchos eventos culturales, fue una buena confesión. Descubrió en carne propia la grandeza del sacramento que además de perdonarle los pecados lo transformó en una persona alegre y cordial. La gente de su alrededor le preguntaba el motivo por el que estaba tan contento y él les explicaba que por haberse acercado a la penitencia. Le devolvió la paz del alma y fue el punto de partida de una nueva vida en la cual la oración tuvo un lugar especial. A partir de entonces disfrutó de una vida cristiana gozosa que volvió su existencia radiante.
Por la felicidad que vivió, su deseo es que muchas personas recuperen la perspectiva católica. Por eso su primer pensamiento fue dar a conocer su itinerario por medio de un prontuario que respondiera a las objeciones contra la fe que suelen hacerse las personas de su ambiente. El experimentado Vittorio Messori fue quien le sugirió mejor contar su propia experiencia que removió a tanta gente y seguirá haciéndolo por la sinceridad y autenticidad que refleja.
Hizo su Primera Comunión en Nueva York en la vigilia de la Navidad de 1993. Nunca tuvo dudas de que el camino para llegar a Dios fuera la Iglesia católica, por lo que desde el primer momento mostró una ferviente adhesión al Catecismo y a la Biblia. Descubrió el lema del Nuevo Testamento, que para él se resume en si quieres, descubrirás que eres amado por un Dios que es Padre. Su única esperanza consistía en redescubrir a Cristo, tal y como es predicado y vive en el seno de la Iglesia romana. La fe es un acontecimiento, una constatación. Su centro es la Eucaristía.
Entre los factores que más impresionaron a Leonardo y que lo llevaron a reflexionar está el haberse sentido acogido y querido en los círculos cristianos, nuevos para él, con los que empezó a relacionarse. Pudo comprobar sus efectos benéficos sobre las personas a las que iba conociendo. Se percató de la diferencia de clima reinante entre aquellos que tratan de vivir la fe y aquellos del mundo burgués que frecuentaba y en el que siguió trabajando. Los católicos son sobre todo gente alegre, cordial y sonriente.
Leonardo Mondadori había nacido en Milán en 1946. Aprendió de su abuelo lecciones sobre estricta ética laboral y el deseo de ser, en su oficio, el primero, el mejor, el más digno de confianza. Se casó por la Iglesia con Paola y el matrimonio duró 7 años. Tuvo su primera hija, Martina. Abandonó la casa familiar para siempre porque le parecía que por el bien de todos era necesario interrumpir la convivencia. Más adelante tuvo una segunda mujer y nacieron otros dos hijos. Pero terminó con un nuevo divorcio. Cuando descubrió en el año 92 el sentido de la vida se dio cuenta que la suya había sido un completo desorden.
Decide libremente vivir en castidad. Se transforma en un defensor del matrimonio para siempre, de la fidelidad, del perdón, de la apertura a la fecundidad, de la vida, de la recta moral sexual dentro de la vida matrimonial, y explica los daños que conlleva no vivirlo así porque los conoció personalmente y en sus mujeres e hijos. Afirma que en el Evangelio están las “instrucciones de uso” para el hombre. Él nunca reconoció lo que la gente llama de modo estereotipado “el derecho a rehacer su vida”.
Estaba convencido de que el problema no es el de la riqueza, sino el de la libertad frente a ella. Entiende la necesidad del uso de los bienes materiales y al mismo tiempo el desprendimiento de ellos porque no es el dueño sino el administrador. Su deber fue utilizarlos lo mejor posible para hacer el bien. Pobre es todo aquel que no se considera autosuficiente y que confía solo en Dios. Se dio cuenta de que su vocación era dar testimonio sobre todo dentro de su ambiente, con el estilo de vida que ello comporta. El meollo es la santificación del trabajo profesional.
Le conmueve hondamente que en el cristianismo Dios va en busca del hombre, más aún se hace hombre. Y a través de Jesús nos pide solo una cosa: responder a Su amor. Por eso cada católico es alguien con limitaciones pero que con la gracia tiene el don de ver la resurrección. La esperanza existe. Y es una esperanza que tiene un Nombre y un Rostro. No es una ideología, es una Persona.