
De la imprecisión de los términos empleados en las ciencias humanas, un ejemplo es el de romanticismo y sus derivados (romántico, etc.). A partir de esta dificultad, sir Isaiah Berlin, en una serie de seis conferencias editadas por Henry Hardy, trata de encontrar las claves definitorias de lo que es romántico. Y me parece que el intento ha sido coronado por el éxito. Al menos, la fuerza de convicción de las palabras de Berlin es grande y, además, está sostenida por una nitidez de estilo que deja admirado.
Cuando leemos en el prólogo de Hardy que se trata de conferencias, no podemos sino concluir que estamos ante un conferenciante delicioso. Pero, en suma, ¿cuáles son esas raíces o claves del romanticismo? Tras una exposición —insisto, de gran amenidad— sir Isaiah Berlin llega a la conclusión de que son fundamentalmente dos, interactivas: la concepción del hombre como una voluntad implacable a la que no se le puede coartar con reglas o normas, y la idea de que en el mundo no hay una composición ni una estructura que el hombre pueda desentrañar. Herder y Kant habrían sido los grandes responsables de esta revolución, cuyas consecuencias aún vivimos.