
La cultura dominante en nuestros días es la del resultado, de la eficiencia, de la competitividad por lo que no facilita la calma, la tranquilidad, el cultivo de la intimidad. El libro ofrece un bálsamo para detenerse, gozar del sosiego y crecer espiritualmente. El subtítulo es muy elocuente: Meditaciones para gente con prisa.
Su finalidad es enseñar a hacer oración a partir del Evangelio. Centra a la persona en aquello para lo que fue creada que es sentirse amada y amar. Un requisito previo es el silencio para la escucha. Meditar es escuchar a Dios, saber qué quiere de mí en cada momento y dejarle que Él tome la iniciativa para que me transforme en otro Cristo. Jesús quiere que le hablemos de lo que hay dentro de nuestro corazón con naturalidad.
Algunos de los temas que se tratan son el descanso en Dios, la confianza, acoger la ternura de Jesús Niño -Navidad-, el dolor y la reconciliación -Pascua-, el duelo, la pureza del amor. Actitudes que ayudan a rezar con sencillez y profundidad son la gratitud y la adoración. El autor brinda muchos ejemplos de la vida ordinaria y ofrece algunas soluciones para combatir la distracción. Concluye afirmando que por este camino cada persona verá su vida como un don y se enamorará de ella. Muy recomendable.