La tabla de Flandes

[La tabla de Flandes]
Año: 
1990
Género: 
Público: 
Editorial: 
Debolsillo
Ciudad: 
Barcelona
Año de publicación: 
2015
Páginas: 
416
Valoración moral: 
Género: Literatura
Sin inconvenientes.
Algunos inconvenientes morales.
Presenta pasajes de cierta entidad contrarios a la fe o la moral.
Presenta pasajes escabrosos o un fondo ideológico general que puede confundir a personas con una escasa formación cristiana.
Abundan los pasajes escabrosos o un fondo ideológico contrario o extraño a los valores cristianos.
Por sus contenidos explícitos, la obra contraría la fe o la moral de la Iglesia Católica o el cristianismo en general.
Calidad literaria: 
Recomendable: 
Transmite valores: 
Contenido sexual: 
Contenido violento: 
Lenguaje vulgar u obsceno: 
Ideas contrarias a la doctrina de la Iglesia: 
La calificación de las distintas categorías proviene de la opinión de los colaboradores de Delibris

La trama es a todas luces inverosímil, pero resulta subyugante. Una vez más, me sorprende la capacidad de Pérez-Reverte para contar una historia. Tal vez tanto los personajes como el narrador caigan un poco en la altisonancia, pero eso es pasarse un poco con la levadura, y nada más.

Sucede que a Julia, restauradora del Museo del Prado, joven y bella (princesa y héroe a la vez), le da por buscar tres pies al gato en una pintura flamenca titulada Partida de ajedrez… y los encuentra. El misterio escondido en el cuadro (el asesinato de uno de los jugadores, nobles reales de la época) lo revalorizaría enormemente en las subastas. Y lo que podría ser solo un conflicto de intereses se transforma en una pesadilla cuando un diabólico personaje que actúa en la sombra decide jugar aquella partida con muertos reales de por medio.

La inverosimilitud a la que me refiero está en esa perfección matemática con que se desarrolla la trama, con el malo ejecutando sus estrategias y uno de los buenos, lumbrera del ajedrez, respondiendo. Ya digo, nada importa esto gracias a la facultad de Pérez-Reverte de crear personajes fuertes (César, el árbitro de la elegancia homosexual, o Muñoz, el Sherlock Holmes del ajedrez en figura de oficinista astroso) y a su habilidad complementaria para retratar a los estúpidos. También, ya lo dije, a su maestría para conducir la historia.

Lo de diabólico no es un decir: el jugador en la sombra es, como Satanás, alguien a quien una herida mortal en su orgullo lleva a perderse y a perder a otros, ejerciendo de paso un poder seductor compatible con su refinamiento en el mal. ¿Excesivo? Novelesco.

Autor: Jesús Sanz Rioja, España
Fecha de actualización: Mar 2025