En esta su última novela (La nieta), el escritor alemán Bernhard Schlink (Bielefeld, 1944) aborda una interesante y, al mismo tiempo, compleja cuestión: una peculiar historia de amor en el contexto de la reunificación alemana, tras la caída del Muro de Berlín. La ambientación es buena y la penetración psicológica de los personajes principales, también.
En la contraportada, la editorial nos ofrece un sucinto esquema del argumento: "En los años sesenta del pasado siglo, Birgit huyó, por amor y ansias de libertad, de Berlín Este para reunirse en el Oeste con Kaspar. Ahora, tras el fallecimiento de Birgit, Kaspar descubre que su esposa pagó un alto precio por esa decisión. Dejó atrás a su bebé, una niña, cuya existencia le ocultó toda la vida. Kaspar, que tiene una librería en Berlín, decide partir hacia la antigua Alemania del Este en busca de esa niña que ya es una mujer. Así, emprende un viaje al pasado y al presente de Alemania, y cuando, por fin, da con Svenja, la hija perdida, descubre que viven en una comunidad rural, está casada con un neonazi y tiene una hija, Sigrum. Kaspar querría ver en ellas una nueva familia, pero todo un universo ideológico los separa, pese a lo cual trata de acercarse a quien considera su nieta, y darle una visión diferente del mundo ..."
En la narración, se podrían distinguir como dos partes: en la primera, se nos presenta a la pareja formada por Kaspar y Birgit viviendo la problemática situación de la división de Alemania por el Muro de Berlín, y una segunda parte, centrada en la compleja relación de Kaspar con una nieta que no conocía y que, además, era una adolescente.
Kaspar es, efectivamente, un joven que reside en el Berlín occidental, y que le gusta llevar a cabo incursiones diarias autorizadas en el Berlín del Este, con la condición expresa de regresar antes de que anochezca. En una de esas visitas conoce, casualmente, a Birgit y se enamoran. Birgit estará dispuesta a iniciar una nueva vida que le facilite tener otras experiencias, y disfrutar de una mayor libertad. Asumiendo los consiguientes riesgos, contactan con personal especializado en organizar planes para cruzar al otro lado, y abandonar la zona comunista, mediante una documentación falsa.
Birgit consigue su objetivo, pero no le resulta fácil recomenzar su nueva vida, teniendo en cuenta sus secretos y debilidades; terminará suicidándose. Kaspar quiere entender mejor lo sucedido e indagará en los diarios de su difunta esposa, y se llegará a enterar de que es abuelo de su nieta Sigrum. En todo momento, juegan un papel importante los idearios políticos de varios personajes, con un marcado tinte neonazi y con puntos de vista muy contrapuestos a los suyos.
La novela está bien escrita, y no resulta difícil meterse dentro de la psicología de los protagonistas, de modo especial de Kaspar y Sigrum. Dios está bastante ausente en los ambientes en los que viven, se mencionan un intento de aborto y un suicidio, y se hace referencia, sobre todo, a la violencia de algunos grupos. Por otra parte, evita las escenas subidas de tono, y quedan patentes las buenas intenciones y tenacidad de Kaspar. Esta obra puede interesar, especialmente, a un público que desee conocer mejor el ambiente reinante en aquellos años históricos de la caída del Muro de Berlín.