
Se trata de un libro de ensayos de una primera época del autor, anterior a sus libros más importantes de cuentos de la década del 40. Sus ensayos estaban creando un estilo desconcertante en el mundo del pensamiento porque para el autor se trataba de obras literarias. Se proponía correr los límites entre la ficción y el pensamiento; sus cuentos, de hecho, tendrán muchas veces la estructura de ensayos o críticas de obras inexistentes o transformadas.
El libro contiene ocho notas, todas ellas de carácter literario, pudiendo leerse incluso como cuentos. Uno de los textos, el que da título y tema al conjunto, contiene afirmaciones filosóficas confusas y ambiguas. Como adelanta el título, el tema de ese texto es el tiempo, pero tratado de una forma erudita, siguiendo algunas ideas sobre la eternidad. Entre ellas, considera irónicamente y tergiversándola, la noción de eternidad de San Agustín, vinculándola con su concepción de la Trinidad. Es sabido que Borges fue intelectualmente agnóstico, aunque siempre tuvo una actitud ética y de apertura hacia la religión. Hay que leer esas pocas páginas en el contexto del conjunto de su obra y de su idea de la literatura.
Borges no es un filósofo: “No soy filósofo ni metafísico; lo que he hecho es explotar, o explorar —es una palabra más noble-, las posibilidades literarias de la filosofía. (...) Yo no tengo ninguna teoría del mundo. En general, como he usado los diversos sistemas metafísicos y teológicos para fines literarios, los lectores han creído que yo profesaba esos sistemas, cuando realmente lo único que he hecho ha sido aprovecharlos para esos fines, nada más".
Lo que encontramos es una fascinación por algunos planteamientos filosóficos –por ejemplo la idea de eterno retorno, que en este mismo ensayo refuta- como fuente de su literatura, y una “lectura literaria” de los conceptos. Cualquier filósofo profesional podría rebatir fácilmente sus argumentos paradojales. Considero que es una obra para una persona con cierta formación.