
El objetivo de este sólido estudio es dar pautas antropológicas para la formación de la persona. El autor explica que para lograrlo es necesario incidir en las facultades o potencias operativas. El carácter es la conjunción de la inteligencia, la voluntad y los sentimientos y está bien formado cuando hay armonía entre estas dimensiones. La obra consta de tres grandes apartados: formación de la inteligencia, formación de la voluntad y formación del carácter.
La perspectiva filosófica del libro es la clásica, aristotélico-tomista, con menciones oportunas a algunas tendencias de la modernidad. El estilo es claro, profundo y lineal. Inserta algunos esquemas y cuadros sinópticos útiles desde una óptica pedagógica. Para entenderlo se requiere conocer la terminología básica de la filosofía. Es muy interesante y fructífero todo lo que afirma del carácter como posesión de virtudes y de las virtudes más necesarias para quien gobierna.
Señalo otros temas e ideas que me parecen especialmente fecundos. La actitud intelectual básica. Determinismo y conductismo. El carácter como dominio, orientación, resistencia o lucha. La mejor manera de mantener y desarrollar las propias cualidades es la del desapego o desprendimiento pues su entrega es la mejor forma de poseerlas. Los elementos medulares del carácter son la integridad, el respeto, la responsabilidad, la equidad, la atención y la ciudadanía.
El autor tiene una inclinación intelectualista. Menciona los sentimientos siempre en la línea de que se sometan a las dos potencias superiores. Se echa en falta un tratamiento de la riqueza de la afectividad. El error que menciona más a menudo es el del sentimentalismo: se explica por ser el más común en el país donde siempre vivió. Recomiendo su lectura.