
Andreas protagoniza esta novela; es un soldado alemán que, a finales de 1943, es destinado al frente oriental. Viaja en tren hacia el este con otros soldados. Calcula que morirá en la región de Galitzia. El libro está escrito en primera persona; Böll fue soldado en la Segunda Guerra Mundial y pasó por situaciones como las descritas. El realismo con el que escribe es el de quien ha visto y vivido.
El tren va hacia su destino; a su lado van otros dos soldados: uno duerme y el otro bebe alcohol. El protagonista intenta rezar; a veces pide por la joven que vio en Francia un instante y cuyos ojos recuerda con nitidez. Otras veces lo hace por los judíos; también le pide a Dios el don de llorar con arrepentimiento, algo que no ha hecho desde el inicio de la guerra. Ha visto situaciones muy duras; las menciona sin entrar en detalles. Ve a compatriotas que morirán por algo en lo que ya no creen. Piensa en la crueldad de la guerra y el previsible final. Intenta prepararse para una muerte que considera muy próxima.
El tren llega puntual a su destino; de allí salen otros hacia los diversos frentes. Sus compañeros piensan en la comida y el placer, pero él reflexiona sobre el amor y la belleza del mundo: haber escuchado unas piezas musicales le mueve a romper la costra interior acumulada en los campos de batalla. El libro se publicó después de la guerra. El autor había luchado en Francia y en el frente oriental. Sobrevivió a la guerra y recibió el Nobel de Literatura en 1972.