
La autora surcoreana Hye-young Pyun destaca nuevamente al ganar el premio Shirley Jackson a mejor novela de terror psicológico. El relato impacta desde su inicio: tu cuerpo es tu cárcel. Tu mente, tu carcelero. Y si sobrevivir fuera, en realidad, un castigo, una pesadilla...
Ogi despierta después de un devastador accidente y se da cuenta, poco a poco, de que solamente puede mover los ojos; lentamente advierte que es su suegra quien le visita y le cuida. Su esposa ha fallecido en el accidente, del que, despacio, va recordando fragmentos. Es también su suegra quien se encarga de preparar el retorno a casa: la casa donde la esposa de Ogi cultivaba con empeño —rayano en la obsesión— plantas y arbustos... La esposa que es llorada por su madre, que va desvelando un interés turbio por dejar a Ogi atrapado entre las cuatro paredes de su habitación, incomunicado, sin cuidados médicos, aislado. Y así contempla, con curiosidad primero; al pasar los días, espantado; y al final, horrorizado, cómo su suegra vuelve a trabajar el jardín, pero con aviesa intención: cava pozos, varios pozos, como intentando localizar EL POZO... que necesita para calmar su venganza.
Escrito con prosa inquietante y poética, "El pozo" se desliza con precisión quirúrgica (no detalla ni antes de lo necesario, ni se desparrama después en aclaraciones que distraen del clímax). Y así nos desliza hacia una oscuridad previsible, pero no por ello menos aterradora: que uno puede cavar su propia tumba.
La autora es reconocida como una de las más destacadas en literatura coreana, y reconocida con los máximos galardones de su país. En esta nueva obra, que no por ser novela de terror es por ello menos valiosa, plantea sutilmente varios y profundos temas para meditar, como son la comunicación y sinceridad en el matrimonio, la ayuda a prestar a quien puede detentar un comportamiento psicológicamente desequilibrado, la necesidad de relaciones padres/hijos o por qué hay que perdonar.
Puede rebatirse la calidad del género de terror como género literario de altura y arte; sin embargo, pienso que asistimos a cambios de paradigmas —también en el mundo literario, reflejo del cambio de época al que asistimos— en los que se sitúa el terror, y más el psicológico, como dato identificativo de la nueva cultura: un arma, una tortura, un medio de producir dolor, un medio de venganza, que son sentimientos frecuentes en nuestro tiempo.