
El autor (Dublín, 1814-1873) nació en el seno de una familia noble irlandesa y, aunque su producción literaria no es extensa, supo imprimir a los relatos de los que era especialista (espectros, perros que aúllan, fantasmas y mansiones victorianas tenebrosas) un sello que influyó decisivamente en quienes cultivaron luego esas narraciones. Esta antología recoge, aparte de la que titula la recopilación, cuatro piezas del género: El fantasma de la señora Crowl; Schalken, el pintor; Los fantasmas de la casa de los azulejos; y El familiar.
En estos relatos, la narración recrea el asesinato de un niño para apoderarse de la herencia que le corresponderá, o la intervención del diablo para apoderarse del alma del lujurioso, o para desposarse con una doncella, o se descubre una mano sin cuerpo visible, que amenaza a quienes habitan un lugar maldito, o se escuchan voces amenazantes en la oscuridad, etc. Las temáticas, aunque de por sí un tanto escabrosas, son tratadas con delicadeza. El trasfondo de creencias que late en los protagonistas de esta historia es siempre el luteranismo ortodoxo, junto con una implícita aceptación de la filosofía de la Ilustración. Así la escatología subyacente a estas historias de almas en pena es contraria a la doctrina de la Iglesia, pese a sus vagos elementos cristianos.