
El autor manifiesta su propósito con una frase de Dávila que menciona al inicio del libro: El escritor que no ha torturado sus frases tortura al lector. Algún lector mejorará su forma de escribir; otros aprenderán a valorar más lo que leen. Quién es consumidor de argumentos e ignore la forma perderá la posibilidad de disfrutar con el valor de un buen texto y quizá no aprecie la poesía.
Ayllón divide el libro en tres partes: contar historias, el buen estilo, ideas y sentimientos. En cada una hay varios epígrafes. Comienza con Troya y la Biblia, y termina con unos versos de Lope de Vega. De cada aspecto que analiza aporta un texto breve que lo refleja; son medio centenar los autores presentados, en prosa o en versos. Es una ocasión para aprender y disfrutar.