Egoísmo y amor

[Egoísmo y amor]
Año: 
2004
Género: 
Público: 
Editorial: 
Minos
Ciudad: 
México
Año de publicación: 
2004
Páginas: 
102
Valoración moral: 
Género: Pensamiento
Sin inconvenientes.
Requiere conocimientos generales en la materia.
Lectores con formación específica en el tema.
Presenta errores doctrinales de cierta entidad.
El planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos o se oponen a las enseñanzas de la Iglesia.
La obra es incompatible con la doctrina católica.
Calidad literaria: 
Recomendable: 
Transmite valores: 
Contenido sexual: 
Contenido violento: 
Lenguaje vulgar u obsceno: 
Ideas contrarias a la doctrina de la Iglesia: 
La calificación de las distintas categorías proviene de la opinión de los colaboradores de Delibris

El objetivo del libro es enseñar a amar. El camino que sigue es mostrar los falsos amores, que impiden a la persona crecer porque la encierran en sí misma. El corazón humano se mueve entre estos dos extremos. Solo existen dos amores posibles, el amor a Dios y el amor desordenado a uno mismo que suele disfrazarse de muchos modos. Cuando se lucha por vencer el egoísmo, el alma se libera, está disponible, es capaz de correr libremente hacia el otro lado del imán. El medio más eficaz de desprenderse del egoísmo es vivir un amor auténtico. Las manifestaciones del egoísmo son la soberbia, el orgullo, la vanidad, la altivez y otras muchas. De fondo se trata de una supervaloración del propio yo. La persona se coloca en el centro medular de su propia existencia y se vuelve la medida de todas las cosas.

El amor propio se puede dar con respecto a si mismo, a los demás y a Dios. En el primer caso se da una falsa imagen de la propia personalidad, surge la falta de sinceridad y suele presentarse la hipersensibilidad. Hay siempre una justificación de las propias fallas. No se admite la culpa y eso impide remediar el error. Es común una especie de terquedad que lleva a defender la propia posición aunque los argumentos contrarios parezcan objetivamente ciertos. Este amor propio suele ser el origen de todas las neurosis. Se crea una doble personalidad, la imaginaria y la que pertenece al mundo real. Se dan los chantajes afectivos por llamar la atención y paradójicamente aumenta el sufrimiento propio. Es el subjetivismo de la persona inmadura. En el lenguaje coloquial estaría aquí la persona difícil. 

El amor propio con respecto a los demás origina la vanidad, la envidia, la ironía, el egocentrismo y el amor falso. Puede surgir el perfeccionismo pues se desea que las propias obras sean grandes y vistas por todos. Hay personas que solo parecen ver su propio rostro, que solo saben hablar de sí. La envidia se da porque se juzga que el bien del prójimo disminuye la propia excelencia, honra y felicidad. Es muy común que surja el espíritu crítico y todas sus secuelas. Se critica para consolarse. El irónico es un agresivo que no se atreve a manifestar abiertamente su crítica y recurre a la máscara del falso humorismo. La ironía es el arma de los cobardes. 

Con respecto a Dios se da el disfraz de la autosuficiencia religiosa, que trata de adaptar la verdad a los deseos o pasiones de carácter subjetivo. Se busca conseguir virtudes, más por el placer de sentirse perfecto que para amar. Por eso hay que ahondar en el propio corazón y sacar esa podredumbre.  

Quien ama cauteriza todas las heridas del egoísmo. El amor verdadero empieza por saber mirar y respetar al otro. Hay que quitar los prejuicios y superar las murallas del clasismo. Respetar es aceptar la manera de ser del otro. Sintonizar, que es el arte maravilloso de alegrarse con los que se alegran y llorar con los que lloran Comprender a las personas como son, con sus defectos, porque es natural que en este mundo imperfecto todos tengamos defectos. Por eso el itinerario para alejar el egoísmo es aprender a perdonar, que es el fruto sabroso de la comprensión. Otro camino importante es saber corregir buscando el bien de los demás. Hace falta esperar, sostener, servir, sonreír. Los orientales tienen un refrán muy significativo, que dice: Quien no sepa sonreír que no abra una tienda. 

Quien ama de verdad sabe dar y especialmente sabe darse, sacrificarse por los que quiere, con una sonrisa y sin hacérselos notar. Vale la pena tener siempre presente que cada persona tiene su ritmo psicológico y biológico, así pensaremos más en lo oportuno para hacerlas felices. Dar la vida por los demás podría parecer una pérdida personal, un empobrecimiento. Nada más contrario a la verdad. El egoísta acaba, en realidad, volviéndose un frustrado. Cuando una persona olvidada de su propia felicidad se lanza a realizar un ideal de amor superior a sí mismo, acaba por atraer sin querer su propia felicidad. El libro intercala pasajes elocuentes del Evangelio, historias y anécdotas muy bien seleccionadas que ilustran lo que expone y enriquecen mucho el contenido. Recomiendo ampliamente su lectura.

Autor: Marcela Navarro Hernández, México
Fecha de actualización: Dic 2022