
Marck Mackenzie desapareció sin previo aviso en sus primeros años de universidad. Cada año, el día de la madre, llama y en un mensaje breve transmite que está bien y que no le busquen. Su padre falleció en el atentado a las Torres gemelas en New York. Hace diez años que se repiten los mensajes y su hermana Carolyn decide buscarle. A partir de ese momento, una historia que parecía detenida en el tiempo, comienza a cobrar movimiento. La desaparición de una joven de una forma similar lleva a algún periodista a encadenar historias de desaparecidos. Marck se convierte en sospechoso y se revisan testimonios tomados en el pasado; se descubren vínculos desconocidos hasta ahora. La presión mediática es fuerte y las gestiones policiales abundantes.
Con habilidad la autora hace aparecer en el foco de atención a personas muy variadas y cuando el lector, desconcertado, ya no sabe en qué dirección mirar, en pocas páginas cierra las pistas abiertas hasta resolver el caso. Mantiene bien la intriga y los hechos son verosímiles.