
Ludwig (1881-1948) fue uno de los escritores que pusieron de moda el género biográfico en la primera mitad del siglo XX. Esta de Cleopatra está muy bien trabajada, con una estructura patente en el sumario inicial: en cada capítulo destaca un protagonista (la propia Cleopatra, César, Antonio u Octavio), simbolizado por un dios mitológico. El autor señala en el prefacio “la ausencia casi total de citas” debido a la inexistencia o extravío de documentos íntimos (cartas, memorias, etc.); no obstante, añade, aquello que ha reconstruido lo ha hecho con fidelidad al espíritu y la letra de las fuentes antiguas. Entre ellas destaca especialmente a Plutarco, porque de él “se pueden deducir los sentimientos (…) que pertenecen a todos los tiempos y son [también] los nuestros”. Estamos pues, ante una biografía “psicológica”, en la que Ludwig va más allá de la imagen de Cleopatra forjada por la leyenda, y nos muestra también a la madre, a la luchadora, a la reina; una mujer de amplia cultura, que hablaba numerosas lenguas. El relato tiene algunas breves alusiones sensuales; y no juzga las relaciones de la reina con “sus tres personajes romanos”. Por otro lado, nos describe brillantemente los esfuerzos de Cleopatra para conservar su reino y asegurar la herencia de su primogénito.