
El autor, en un breve libro, hace consideraciones acordes al título. Podría haberse fijado en otros artistas, pero lo hace de modo especial en cuatro: Gaudí, Brueghel, Rothko y Miguel Ángel; en el texto añade otros.
La Sagrada Familia era un proyecto al que Gaudí dedicó su vida. Hizo lo que estuvo a su alcance, con tres maestros como guías: la naturaleza, la Biblia y la liturgia. Aprendía de contemplar la naturaleza; como creyente, conocía la Biblia y sabía el valor de la liturgia, relevante en los actos de culto.
Otro artista, Brueghel, en la Torre de Babel muestra una tarea inacabada. Rothko adaptó un proyecto varias veces por decisión de los promotores y dejó un espacio abierto a la trascendencia. Las versiones de la Piedad que elaboró Miguel Ángel tienen rasgos diferentes. La que más apreció no es la más famosa, pero quizá es la que más le ayudó a su tránsito ya cercano.
El autor ofrece, entre otras, dos frases. Dice Roger Scruton: “hay bellezas que surgen en abierto desafío de las reglas…”. El autor cierra el texto con un párrafo, el 111, donde dice: “… si nos olvidamos de amar la belleza, más pronto que tarde habremos perdido el sentido de la existencia…”.