Adiós, Analógicos, Adiós

[Adiós, Analógicos, Adiós]
Año: 
2012
Género: 
Público: 
Editorial: 
Rialp
Ciudad: 
Madrid
Año de publicación: 
2012
Páginas: 
128
Valoración moral: 
Género: Pensamiento
Sin inconvenientes.
Requiere conocimientos generales en la materia.
Lectores con formación específica en el tema.
Presenta errores doctrinales de cierta entidad.
El planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos o se oponen a las enseñanzas de la Iglesia.
La obra es incompatible con la doctrina católica.
Calidad literaria: 
Recomendable: 
Transmite valores: 
Contenido sexual: 
Contenido violento: 
Lenguaje vulgar u obsceno: 
Ideas contrarias a la doctrina de la Iglesia: 
La calificación de las distintas categorías proviene de la opinión de los colaboradores de Delibris

Es un breve ensayo cuyo objetivo es mostrar el cambio radical que supone ser un nativo digital respecto a las personas nativas analógicas. Los analógicos viven más separados de sus hijos digitales que lo que ellos estuvieron de sus padres y maestros. Se trata de la mayor revolución que se ha producido en la humanidad desde la aparición de la escritura.

Es ágil, ameno y con sentido del humor que en ocasiones llega hasta la ironía. Su origen es la experiencia del autor -que es nativo analógico- y las conversaciones que ha tenido con muchas personas a lo largo de los años. Incluye anécdotas ilustrativas. Se echa en falta una estructura más ordenada, aunque quizá es lo que se quiere por la temática tratada. 

Sostiene que el éxito de las redes sociales y en general de las nuevas tecnologías se debe a que se ofreció un producto y unos servicios imprescindibles en el momento oportuno. No se trata de la genialidad de alguien sino de algo comercial aunque de suyo impliquen mucho trabajo previo. Son un negocio, sus creadores han sabido vender los propios conocimientos.

Las redes sociales demandan velocidad, inmediatez y muchas palabras. Por eso los nativos digitales tienen dificultad para la reflexión, para la lectura honda y pausada de los libros y para ver películas clásicas. Funcionan con otra lógica. Lo propio de ellos es la discontinuidad mientras que el mundo analógico es secuencial. Su incidencia en la comunicación es que no solo cambian el modo de comunicar, sino la comunicación misma. Se trata de la cultura de la imagen, del divertirse sin parar, de la hiperinformación. Se mezcla lo personal íntimo con lo social. Lo fundamental es compartir, compartir lo superficial mezclado con lo descarado. Las relaciones que se establecen no son profundas. 

No todo es negativo en el mundo digital, desde luego que son útiles y tienen ventajas prácticas pero han de ser solo herramientas para no perder su valor.  Por eso existen lo que el autor llama migrantes digitales que van desde su mundo analógico al virtual. En ocasiones por parecer modernos asumen actitudes no muy positivas. Las dos más usuales son el power point y el uso de los blogs. Nunca estarán a la altura de quien nació en este ámbito y por eso deben aprender a integrarse sin hacer el ridículo. También repasa lo que sucede con los radicales para quien todo lo nuevo es malo y se resisten siempre a conocer lo digital. 

Se recomienda a quienes no aceptan las nuevas tecnologías, a quienes desean conocerlas mejor y a los nativos digitales para que piensen en las consecuencias de serlo y se acerquen más al mundo de los analógicos.

Autor: Marcela Navarro Hernández, México
Fecha de actualización: Sep 2022