
Desde la Antigüedad, el hombre ha desarrollado ideas sociales y políticas que, cuando se llevan a la práctica, fracasan o se convierten en terror. Utopía, etimológicamente del griego, significa que “no está en ningún lugar” o “un lugar mejor”, y se convirtió, a partir de Tomás Moro, en un género literario.
Ya su amigo Erasmo satirizó en Elogio de la locura que la locura vive alojada en la raíz de las mejores intenciones utópicas. La estupidez y la estulticia son denominador común en políticos e intelectuales, como se demostró con la Ilustración y la Revolución francesa, donde la promesa de un paraíso, saliendo de las tinieblas, convirtió la historia en ríos de sangre.
El libro es apasionante, pero también enciclopédico, con mucha información que se ramifica desarrollando los temas más variados. En ocasiones, en el paso de un capítulo a otro, falta continuidad. Es un denso curso de historia y ciencias políticas donde aparecen los políticos, las situaciones y los intelectuales más variados para demostrar que un planteamiento mental termina convenciendo y necesita del terror para eliminar a todos aquellos que no creen en él.
La utopía es un proyecto para superar la realidad, para ir más allá de lo conocido, pero puede destruir la sociedad alcanzando niveles psicopatológicos, como ocurrió con la Revolución francesa, la Revolución cultural de Mao, los jemeres rojos, el Holocausto nazi o el gulag soviético. En una sociedad democrática se precisan dosis justas de utopía que actúen como un catalizador transformador no autodestructivo.