
Este libro se adentra en la historia de Virginia Hall (1906-1982), que fue una mujer norteamericana que participó en la Resistencia francesa y fue muy buscada por la Gestapo. Tenía muchas aspiraciones y a aunque su familia estaba arruinada pudo hacer estudios en Europa. Estudió en Francia, país que le fascinó y aprendió el francés. Después estuvo en Austria donde estudió alemán y aunque no consiguió ingresar en la carrera diplomática (que como casi todas las profesiones estaban vedadas a la mujer) consiguió trabajar como secretaria en diversas embajadas pero como era una mujer de acción, este trabajo de oficina no le satisfacía. Con veintisiete años sufrió un accidente de caza y tuvieron que seccionarle una pierna; esto no le amedrentó en sus ambiciones. Se dedicó al periodismo que le llegó a apasionar. El inicio de la Segunda guerra mundial la sorprendió en Tallin. Desde allí se trasladó a Londres y se alistó como conductora de ambulancias en Francia. Conoció al agente británico George Bellows y empezó a trabajar como espía bajo la “tapadera” de corresponsal de un periódico americano (todavía EEUU no había entrado en la guerra) y así pasó a ser espía del Reino Unido al servicio de los Aliados en Francia durante los primeros años hasta 1942; cuando EEUU entró en la guerra tuvo que trabajar como infiltrada. Basándose en una intensa investigación Purnell ha reconstruido sus pasos en Francia, que es la parte más extensa del libro, pero pone por escrito la relación de sucesos que constituyeron su vida hasta su muerte en los años ochenta. Durante la guerra, se ocupó de organizar una red de agentes. Su capacidad de superación frente a muchas dificultades fue legendaria, se sobrepuso y consiguió con una especie de “sexto sentido” hazañas memorables: liberó prisioneros, dinamitó puentes, saboteó numerosas operaciones alemanas, cruzó los Pirineos a pie cuando Alemania ocupó toda Francia y la Gestapo “le pisaba los talones”. Terminada la guerra, fue una de las primeras agentes de la CIA. Desde luego no parece que buscara como prioridad el aplauso ni la compensación económica en contraste con otros agentes que con sus “egos” o la búsqueda de riqueza o placer hicieron fracasar muchas operaciones ; se conformó con librar a Europa y a Francia en concreto de la ocupación alemana y se distinguió por su abnegación y preocupación por las personas que conocía o estaban a su cargo e hizo todo lo posible por librarles de penalidades o del cautiverio poniendo en peligro su seguridad o su propia vida. Por toda la obra aletea la falta de reconocimiento oficial por sus realizaciones que no le llegó hasta plenamente hasta después de su muerte (la Francia de “de Gaulle”, figura política predominante en la Francia de la posguerra y que se había enfrentado a los dirigentes de los Aliados, no quería injerencias extranjeras)
El libro es más bien una crónica que, además de dar a conocer a esta mujer pionera, narra cómo se hizo parte de la resistencia en Francia que frecuentemente se identifica con el comunismo; aquí se ve cuán lejos está esto de la realidad. Es un libro interesante, fácil de leer, en el que se narran actos heroicos y otros deleznables que en una situación límite como es la guerra se pusieron de manifiesto pues apareció lo mejor y lo peor de la naturaleza humana.
Sonia Purnell, es una escritora, periodista y biógrafa inglesa. Ha trabajado para varios periódicos. Con “Una mujer sin importancia” ha conseguido el Premio Plutarch 2020 a la mejor biografía.