
La autora describe el impacto que le produjo leer la vida de un médico rural que vivió en el Reino Unido hace varias décadas. Ella conoce ahora a una doctora que trabaja en el valle; resultó que esta mujer estudió medicina gracias a la lectura de aquel libro. La confidencialidad de ambos no facilita identificar personas ni poblaciones; pero, por los datos del paisaje, un día esta doctora descubre que, con una diferencia de décadas, aquel autor y ella están en el mismo valle. La narración se centra en la historia de esta médica rural, que vive con pasión su tarea. Llegó muy joven y ahora su familia reside en el valle, con los hijos adolescentes. Cambian las formas de organizar la atención médica, el número de pacientes por médico, pero el médico de familia está en primera línea. Vive de llenor el COVID; un momento complicado; además, en el valle la nieve dificulta llegar a las zonas más altas y las visitas domiciliarias pueden requerir llegar con el tractor. El trato personal con el paciente requiere escucha, ayudar a verbalizar, observar, intuir, inspirar confianza..., rasgos que requieren tiempo, pero facilitan conocer el historial médico, datos que ayudan a entender conductas... A veces, la doctora toma la decisión de un traslado urgente al hospital, al decubrir un riesgo grave para el paciente, que siempre es el protagonista. Hay modos de vida o sucesos concretos, mencionados tangencialmente, sin describir ni valorar, que reflejan pautas frecuentes en la sociedad actual occidental. Destaca, por encima de otros rasgos, espíritu de servicio, valorar a cada persona, atender a los ancianos; son aspectos que muestran una visión de cada persona como alguién único, con valor en sí mismo. La protagonista del relato actual, ha logrado un equiliibrio personal que le facilita conjugar disponibilidad con atención a su propia familia. Eso no implica que no se despierte alguna noche preocupada por algo. Ella es también un ser humano, con puntos fuertes y limitaciones.