
Segunda novela de la trilogía Una corte de rosas y espinas. Feyre regresa a la corte primavera, ya como prometida de Tamlim. Pero muy pronto tiene la sensación de que el Alto Lord, aunque con intención de protegerla de ataques del exterior, en realidad está encerrada en un castillo; una prisión cómoda y fastuosa, pero una prisión. El día de la boda, el Alto Lord de la corte Noche, Rhystand, aparece para llevársela a sus dominios, en cumplimiento del pacto al que llegaron en Bajo la Montaña, de que pasaría en Noche una semana de cada mes.
La novela, de inferior calidad a la precedente de la trilogía, en esta ocasión rezuma sensualidad, haciendo avanzar la historia a trompicones entre descripciones de los muy atractivos Inmortales, ellos y ellas, conversaciones sobre conductas sexuales, amores y desamores... Hay dos extensas escenas sexuales muy descriptivas, y un fondo general desaconsejable. Además, la novela en ocasiones se escapa de la pura fantasía para reivindicar posturas feministas radicales, bastante anacrónicas, y con desprecio al papel de la mujer como madre.