
Los catorce cuentos que componen Un médico rural constituyen una muestra del genio literario de Kafka. Son cuentos muy cortos, trabajados, pinceladas de situaciones que deja a la libre interpretación del lector, aunque se les han buscado múltiples interpretaciones. Han sido clasificados como sátiras o fábulas, pero no están libres de ironía. Un médico rural es una visión de la medicina, del enfermo y de la enfermedad: “extender recetas es fácil, pero en lo demás, entenderse con la gente es difícil” (p. 14), o “han perdido las viejas creencias; el cura se queda sentado en casa y deshilacha las casullas, una tras otra; pero el médico debe lograrlo todo en su tierna mano quirúrgica” (p. 16).
En Un sueño aparece el inconfundible Joseph K., personaje de El proceso. En otros relatos aparecen animales, un tema recurrente en Kafka, como hizo en su famosa Transformación o Metamorfosis, cuando Gregor Samsa se transforma en un extraño animal. Así, en El nuevo abogado, convierte a Bucéfalo, el caballo de Alejandro Magno, en un respetado defensor; en Chacales y árabes, los animales y los beduinos del desierto se enfrentan y tienen a un europeo como mediador. Escrita en 1917, con el auge del sionismo, se ha querido ver en ella una fábula del pueblo judío, lo mismo que en Ante la ley, difícil de interpretar. ¿Otra vez el judío atado ante su ley?
En el intenso Un informe para la Academia, el simio Rotpeter, cazado en la selva, solo tiene dos alternativas: actuar en los circos a golpe de látigo o humanizarse, lo que conlleva la pérdida de su libertad. En esta edición los cuentos ocupan la mitad del volumen; algunos son extremadamente breves, y el resto es un interesante epílogo de Moreno Claros para explicar lo inexplicable: ¿qué quiso decir Kafka con sus historias? Posiblemente nada más de lo que dicen.
Se puede buscar y rebuscar, pero lo genial es que Kafka desarrolló un estilo muy admirado y copiado, y presenta su manera de ver la vida. Introduce animales, personajes incomprendidos e incomprensibles, miedos y angustias, escritos en un momento en que Europa se tambaleaba con la Primera Guerra Mundial y la famosa gripe española, cuando el propio Kafka empezó a percibir los primeros síntomas de la tuberculosis que terminaría con su vida y, por si fuera poco, vivía los estertores de su extraño noviazgo con Felice Bauer, aquella relación que le angustiaba y para la que se veía incapaz.