
Es una novela de alcances grandes: ambiciosa en extensión, firme en intención y con un pulso firme hacia la historia reciente de España. Narra la vida de Tomeu Riquer Basols, un hombre cuya existencia da un giro radical tras un accidente automovilístico en 1952. Gracias a la amnesia y a una sorprendente coincidencia de identidades, Riquer asume la vida de su socio fallecido, cambia destino y apellido, y a partir de ese punto despliega una carrera ascendente en la España del franquismo, hasta convertirse en Ministro de Agricultura entre 1965 y 1973.
El autor mezcla con habilidad hechos históricos con ficción verosímil. Luca de Tena no teme nombrar con claridad a personajes y situaciones reales del régimen de Franco, dibujando un fresco social y político de aquellos años. El ritmo narrativo es sólido, aunque denso por la enorme cantidad de detalles, intrigas y nombres que el lector debe procesar. La novela se apoya mucho en las relaciones humanas del protagonista, su capacidad de adaptarse, su astucia y su habilidad para maniobrar en círculos de poder, algo que permite ver de cerca la complejidad de una sociedad cerrada y jerarquizada como la española de la época.
Lo más valioso de la obra es su fidelidad a un periodo histórico que marcó profundamente a España: lejos de dar moralejas fáciles, la narración deja que el lector observe cómo las decisiones individuales interactúan con estructuras políticas rígidas, y cómo el talento personal puede abrir puertas incluso en sistemas poco abiertos. También plantea un contraste constante entre valores tradicionales —familia, deber, honor— y la ambición personal. Esto lo convierte en un libro nutritivo para reflexionar sobre ética en la vida pública y privada, sin heroísmos exagerados. El retrato de la época es detallado, y la construcción del protagonista, con sus luces y sombras, capta la atención del lector.