
Dios nos ha creado para que seamos felices, para que podamos estar cerca de Dios durante toda la eternidad. En otras palabras, Dios ha creado a cada uno para que sea santo, y esa es la finalidad de nuestra vida. Santos no en un futuro lejano, sino hoy y ahora. Pero no solo nos muestra nuestro fin, sino que nos señala el camino y nos deja unos medios concretos para llegar a ese fin. Y en este libro, el autor nos va descubriendo de a poco cuáles son esos medios que tenemos para llegar a la unión íntima con Dios. El P. Bronchalo no es ingenuo: nos muestra que hay dificultades –las heridas del corazón, el pecado, las tentaciones del Demonio–, pero, al mismo tiempo, subraya que todo eso se supera con la humildad, la docilidad a la gracia de Dios y la misericordia.
En este libro se nos presenta un panorama optimista y animante. Podemos ser santos, y es algo que vale verdaderamente la pena. Lo expresa bien el resumen con el que el autor invita a la lectura del libro: "La santidad no es algo reservado a unas cuantas personas que idealizamos y que, en apariencia, jamás tienen dificultades en sus vidas, ni se equivocan nunca. Eso no es real. La santidad es para ti y es para mí. (...) En estas páginas lo que te propongo es que seas revolucionario. ¿Cómo? Eligiendo ser santo. Créeme, es lo mejor que nadie te ha propuesto jamás. Tú y yo estamos llamados a la santidad y a poner lo que falta de Dios en el lugar y el tiempo en el que vivimos. Pregúntate qué es lo que falta de esperanza, de fe y de caridad en el entorno que te rodea. ¿Qué falta de Dios en tu familia, en tus amigos, en tu lugar de estudio, en tu trabajo, en tu grupo de la parroquia? Seguro que se te ocurren muchas cosas pequeñas y muy concretas. Ponlas con actos sencillos de amor y estarás haciéndote santo. Así de sencillo y así de precioso es. La santidad no es que merezca la pena, ¡es que merece la vida entera!"