San Agustín en 90 minutos

[St. Augustine in 90 minutes]
Año: 
1997
Género: 
Público: 
Valoración moral: 
Género: Literatura
Sin inconvenientes.
Algunos inconvenientes morales.
Presenta pasajes de cierta entidad contrarios a la fe o la moral.
Presenta pasajes escabrosos o un fondo ideológico general que puede confundir a personas con una escasa formación cristiana.
Abundan los pasajes escabrosos o un fondo ideológico contrario o extraño a los valores cristianos.
Por sus contenidos explícitos, la obra contraría la fe o la moral de la Iglesia Católica o el cristianismo en general.

El libro pertenece a una popular serie de divulgación filosófica (“Filósofos en 90 minutos”), en la que el Autor expone de modo sintético y coloquial la vida y principales ideas de diversos pensadores. El libro se divide en cinco partes: un primer capítulo está dedicado al contexto histórico y social previo a San Agustín; sigue el capítulo dedicado a exponer la vida de este autor, en el que se van intercalando algunas de sus ideas filosóficas; a continuación, Strathern alude brevemente a la influencia agustiniana en pensadores posteriores. El libro se cierra con una selección de textos agustinianos, una bibliografía recomendada, y una tabla cronológica.

Desde el punto de vista filosófico, el libro ofrece un retrato muy limitado de Agustín: Strathern sólo presenta las ideas agustinianas que le es más fácil relacionar con su vida (p.ej., el considerar el alma como la parte principal del hombre), pero prácticamente se queda en un enunciar temas. Además, el modo en que las ideas se tratan no siempre resulta históricamente correcto. Un ejemplo flagrante de este desconocimiento lo encontramos cuándo Strathern afirma que Agustín se cuestionó la objetividad de nuestro conocimiento y se adelantó a Descartes… pero sin señalar que el santo de Hipona resolvió tal problema con su teoría de la iluminación, y que su “fallor, ergo sum” posee un alcance y un sentido muy diverso al de Descartes.

Así, Stathern se limita a decir que para Agustín “en verdad, ¿qué sabemos? Nada con certeza, excepto que existimos y que pensamos. Estas ideas de los Soliloquios de Agustín se anticipan en más de once siglos al famoso “Cogito ergo sum” (Pienso, luego existo) de Descartes, que había de ser una revolución en la filosofía. Este pasaje fue pasado por alto, o no desarrollado, por los sucesores medievales de Agustín; por fortuna, pues de lo contrario habrían terminado probablemente quemados en la hoguera.” La última frase del texto citado es un buen ejemplo de las ironías que salpican el libro, tal vez para dar un tono amable y coloquial al texto; sin embargo, también manifiestan que el Autor considera la teología una pérdida de tiempo, consecuencia de la pura superstición. Esto hace que parte importante del trabajo agustiniano se vea con cierta displicencia, cuando no con ironía o un fuerte sentido crítico: por ejemplo, la confrontación con las herejías.

En general, Strathern vuelve una y otra vez sobre el tema de que la aparición del cristianismo supuso un retroceso para la labor filosófica, tanto por los temas “absurdos” que introdujo, y que llevaron a que gente inteligente perdiera el tiempo, como por la falta de tolerancia que introdujo en el debate intelectual. Por lo demás, los errores de la historia de la filosofía a veces también aparecen en la parte dedicada a las influencias de Agustín en los pensadores medievales, aunque aquí tal vez se deba más al deseo de simplificar; pero sigue siendo triste que un autor pueda escribir, sin que le tiemble la mano, que Duns Escoto no tuvo ninguna influencia agustiniana, (“aunque lo citara profusamente”).

P.V. (España, 2016)