
Novela y ensayo que ofrece una reflexión crítica sobre las bases culturales y la experiencia vivencial dentro del cristianismo, del judaísmo y del islamismo. La narrativa novelística cede un poco a la reflexión socio-cultural, aunque mantiene el hilo conductor de la lectura, con cierto suspense hasta el final. El profundo conocimiento de las fuentes y tradiciones que alimentan estas civilizaciones y su difícil convivencia de en el área geográfica del Oriente Medio, ofrece al lector una referencia documental seria y confiable.
La experiencia vital que refleja el protagonista de la novela, con sus anhelos de verdad, de justicia, de amor y libertad, deja, sin embargo, cierto poso de amargura, desconcierto y pesimismo. Por una parte, la banalidad y el materialismo práctico caracteriza el ambiente familiar y social del que parte el sujeto central de la historia, venezolano, de etnia y religión judía a la que siente radicalmente vinculado, aunque no practica, dentro de un entorno cultural supuestamente cristiano y occidental. Por otra parte, la hipocresía y la tensión entre judíos ortodoxos y mayoría pragmática, describen el ambiente que encuentra en el estado de Israel, donde acude para alistarse como voluntario en la guerra del Yonkipur (1977) En el Islam parece encontrar un resto de bondad y rectitud que lo cautiva, aunque sometido ultimadamente a las tensiones entre fracciones de contenido político religioso y étnico, no fácil de comprender, al menos por una mentalidad occidental. Al reflejar en situaciones concretas este complejo fenómeno multicultural, resulta algo más comprensible por los componentes afectivos donde toma vida en los diversos personajes de la novela.
El autor permite asomarse así a la experiencia interior del joven venezolano que pasa de un judaísmo romántico a un islamismo ideal, para seguir vapuleado por las amenazas de una violenta realidad. Análogamente deja ver el apacible ambiente terreno y religioso de la familia musulmana que lo acoge, en contraste con al drama de la familia venezolana incapaz de entender la vida de su hijo, etc. En este sentido, cabe observar que la mayor simpatía se inclina hacia el maestro islámico –el Shaic– que no sólo rescata al protagonista de la situación de prisionero de guerra en manos de los sirios, sino del abismo psíquico en que se encuentra, al brindarle el ejemplo de una vida serena fundamentada en una sólida creencia religiosa.
Abundantes citas del Corán, avaladas por el recio y virtuoso comportamiento del Shaic y de toda su familia, muestran, sin duda lo mucho de bueno que puede hallarse en una religión monoteísta como el Islam, con tantos veneros afines con el judaísmo y el cristianismo. La tesis el libro se apoya sobre todo en la ley natural, iluminada y amparada por la Ley Mosaica para los judíos o, al menos por las enseñanzas del Profeta para los seguidores del Islam; y para el cristiano, por Jesucristo se ofrece a los hombres el auxilio de la gracia para vivir como hijos de Dios. La cercanía de un Dios que ama, que perdona, que busca y acoge al hombre como hijo en su Hijo y lo hace partícipe de su vida llenándolo de su Amor, es el gran misterio sobrenatural del cristianismo. Esa esta precisamente la respuesta al deseo de felicidad que todo hombre guarda en su corazón y a los anhelos de paz y justicia que añora la sociedad, eficaces tan sólo si ven movidos y penetrados por la caridad. Cabría pasar con cierto cuidado por algunas páginas –muy pocas– algo crudas al referirse a sentimientos más cercanos a la sexualidad.
Autor: Jesús Gutiérrez, Venezuela, 2021