Sabiduría griega y paradoja cristiana

[Sagesse grecque et paradoxe chrétien]
Año: 
2019
Género: 
Público: 
Editorial: 
Encuentro Ediciones, colección Nuevo Ensayo
Ciudad: 
Madrid
Año de publicación: 
2019
Páginas: 
300
Valoración moral: 
Género: Pensamiento
Sin inconvenientes.
Requiere conocimientos generales en la materia.
Lectores con formación específica en el tema.
Presenta errores doctrinales de cierta entidad.
El planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos o se oponen a las enseñanzas de la Iglesia.
La obra es incompatible con la doctrina católica.
Calidad literaria: 
Recomendable: 
Transmite valores: 
Contenido sexual: 
Contenido violento: 
Lenguaje vulgar u obsceno: 
Ideas contrarias a la doctrina de la Iglesia: 
La calificación de las distintas categorías proviene de la opinión de los colaboradores de Delibris

Charles Moeller, autor de la espectacular “Literatura del siglo XX y cristianismo”, sacerdote, presenta en esta obra, publicada en 1946, un análisis de la trilogía humana: el mal, el sufrimiento y la muerte, antes y después de la Encarnación de Jesucristo. El tema es apasionante e interminable, por eso Moeller se centra en escritores muy significativos de la literatura griega clásica, Esquilo, Eurípides, Sófocles, Homero, y otros pocos autores clásicos cristianos Shakespeare, Dostoievski, Racine, para terminar con Dante. Material tiene de sobra, argumentos muchos y profundos, con reflexiones que aportan nuevos conocimientos. Abundan las citas y en ocasiones tiene que dar por conocidas obras a las que no todos tenemos acceso.

El mundo antiguo no fue homogéneo y no es fácil resumirlo en un volumen. El alma antigua era realista, contiene lo mejor de la cultura occidental (actividad, valor del hombre como tal, trabajo civilizador), también era idealista, consciente de la miseria humana (“ser mortal es ser desdichado”) y entronca con lo mejor de la cultura oriental (vida mística, filosofía, religión). Estaba muy lejos del cristianismo, desconocía el pecado, no explicaba el sufrimiento, ni el más allá. Presentía el cristianismo y estaba preparada para recibirlo y el mundo de las ideas de Platón bien puede continuarse con la rosa mística del Paraíso de Dante. El Nuevo Testamento es opuesto a la sabiduría griega, pues como pensaba Platón, “un dios no entra en relación con un hombre” y es que en la Grecia clásica los dioses eran perversos, arbitrarios y caprichosos. La fatalidad determinista enviaba calamidades y obligaba a los hombres a cometer faltas. Los hombres eran mejores que los dioses, no pecaban y no tenían noción de pecado. Los griegos influidos por una mitología absurda e inmoral atribuyen a los dioses el mal de los hombres y desconocían la libertad para oponerse al Creador.

Con la Encarnación, Dios carga con la culpa del hombre y la paradoja cristiana es el nuevo sentido del pecado, el hombre se eleva por el sufrimiento y se transfigura con la muerte. La visión cristiana del pecador es más humana, Dios perdona y corre a salvar una oveja perdida dejando todo el rebaño. Perdonar a los que fueron injustos era, a los ojos de los antiguos, innoble y no podían imaginar que el dolor podía conmover a un Dios de misericordia. El pecado es la libertad que escoge sin Dios y contra Dios.

El renacimiento concilió antigüedad y cristianismo. La idea de que es el hombre el que hace sufrir al hombre angustió a Shakespeare; el mundo es perverso, los malos predominan y los que intentan salvar al hombre no logran su empeño. Hay un pecado de flaqueza, el del hombre débil, que será perdonado por Dios, ahí está Falstaff, pero también hay un pecado de lucidez, Yago, disfruta con el mal, no cree en Dios. También en Dostoievski hay un pecado de flaqueza y un pecado contra la luz, el pecado total, diabólico, que elige y desea la nada porque es lo único que pertenece al hombre y “si Dios no existe, todo está permitido”. Dostoievski está obsesionado por el triunfo de “los demonios”, esos constructores ateos del paraíso en la tierra, la “ciudad de Satán”, con un profundo odio a lo santo.

Es gratificante terminar con Dante pues “una sola cosa supera a la obra de Dante: la santidad vivida en esta tierra” y con Dante “partiendo del sufrimiento, el pecado y la muerte, llegamos a la sonrisa eterna de Dios”.

Autor: Francisco Forriol , España, 2020