
“Justo entre las naciones” es el título, de origen bíblico, que el pueblo de Israel da a aquellos que, sin ser hebreos, les han ayudado en circunstancias de particular dificultad. Actualmente, el Estado de Israel, a través del Museo y Archivo del Holocausto en Jerusalén Yad Vashem, promueve el reconocimiento formal de este título a todos aquellos que arriesgaron su vida para salvar a los judíos durante la persecución de la segunda guerra mundial. A inicios del 2002 este título se había entregado a más de 19.000 personas en Europa.
El libro recoge de modo sistemático un centenar de estos casos, todos debidamente documentados y ordenados según área geográfica. Las fuentes aparecen en cada caso citadas al pie de página y luego clasificadas al final del libro en un anexo de 17 páginas. Entre ellas se cuentan el archivo del Yad Vashem, el archivo del United States Holocaust Memorial Museum, textos de historiadores judíos especializados en el holocausto y entrevistas personales a sobrevivientes de la persecución.
Ya desde el principio del libro, Martin Gilbert señala que su propósito es mostrar cómo en medio de la barbarie del holocausto, han surgido personas de diversos credos, nacionalidades y condiciones sociales que fueron capaces de arriesgar la propia vida y la de sus seres queridos por evitar la muerte de otros, conscientes de que la dignidad de la persona humana va más allá de su raza o religión. El libro no ahorra la descripción de la crudeza de la guerra, resaltando así, por contraste, las acciones de “los justos”, que muchas veces murieron también.
Son particularmente interesantes las conclusiones. Tomando pie de diversos testimonios, el Autor explica las motivaciones de estos “justos”: la mayor parte de ellos declara no haber hecho nada de extraordinario, sino lo que habría hecho cualquier persona honesta. Por último invita al lector a aprender de estos ejemplos y a reflexionar sobre cuál habría sido la propia actitud en una situación semejante.
Respecto a la Iglesia Católica, el autor presenta muchos casos positivos: desde la intervención de Pío XII hasta las acciones concretas en favor de los judíos por parte de los obispos y sacerdotes en diversos países; desde la ayuda de enteras comunidades religiosas hasta personas corrientes que movidas por su fe salvaron a muchos.
Sin embargo, en algunos casos puntuales recoge comentarios de algunos judíos con un cierto sesgo anticatólico: por ejemplo, cuando se refieren a la “educación católica antisemita” (pág. 74-75) o cuentan comportamientos de algunos católicos de tipo antisemita (pág. 296).
Respecto a los judíos que abrazaron realmente la fe católica luego del holocausto, el autor se lamenta, señalando que éste ha sido “el precio” que muchos judíos debieron “pagar” por su vida (pág. 80). Por último, se presentan algunos casos extremos, en los que son bautizados algunos judíos sin que ellos manifiesten tener fe (por ejemplo pág. 284). El autor recoge también casos en los que niños confiados a familias católicas son llevados a bautizar sin el consentimiento de sus padres, lo que, como se sabe, es contrario a la disciplina de la Iglesia. A la vez, presenta otros ejemplos en los que, respetando el deseo de los padres, no se bautiza a los niños; sólo se les instruye en la fe, de modo que puedan luego abrazarla si libremente lo desean.
C.C. (Italia, 2008)