
Juan Carlos I, rey emérito de España, elabora, con la ayuda de la periodista francesa Laurence Debray, un libro de sus recuerdos de vida, con el que intenta reconciliarse con la parte de la sociedad española que ahora le rechaza por sus problemas con la Hacienda nacional y sus más que probados escarceos románticos. En el libro quiere mostrar que ha hecho mucho por España y que el castigo que está sufriendo, casi desterrado en Dubái, es demasiado duro e injusto comparado con sus errores, que reconoce claramente. Pero más que reconciliación, parece que busca justificación. El libro defiende su papel en la llamada Transición española (junto con quienes le acompañaron en ese proceso) y, al mismo tiempo, plantea críticas al Gobierno español, señalando la influencia de distintos sectores políticos, incluidos republicanos e independentistas, que han condicionado las decisiones sobre el regreso del rey emérito a España.
No es un libro de historia; el Rey recuerda su vida, pero no con precisión académica, y algunos recuerdos son bastante inexactos, no por afán de engañar, sino por no comparar fuentes. No se debe leer como libro de consulta. Por lo demás, pese a sus errores, ensalza a su familia y especialmente a su esposa, de la que se manifiesta profundamente enamorado, y alaba a su hijo Felipe. Deja a Franco en buen lugar y exalta la Transición y la sociedad española de esa época, frente a la actual, de nuevo muy polarizada.
El libro no pasará a la historia, ni de la literatura ni de España. Pero es un testimonio de interés.