
Abbott protagoniza un diario de verano, redactado en tercera persona. A medida que nos adentramos en sus pensamientos, vamos conociendo las circunstancias de su vida, que fundamentalmente giran en torno al cuidado de su hija pequeña, la atención a su mujer de nuevo embarazada y su trabajo como profesor universitario. Cada día encontramos algún suceso doméstico, alguna trastada familiar, alguna reflexión al hilo de acontecimientos cotidianos. Está escrito con sentido del humor y refleja bien la situación de un padre desbordado por los requerimientos constantes de atención en una familia con niños pequeños.
Al mismo tiempo, transmite de modo inequívoco la satisfacción de la paternidad y de la convivencia familiar, a pesar de las fatigas, los desvelos, las incertidumbres y los desasosiegos continuos. La relación de pareja también supone sacrificios, silencios, momentos de comprensión mutua y de pequeños detalles que construyen un universo para los dos. El estilo es ágil y cada entrada del diario podría ser un microrrelato, a veces melancólico, a veces descriptivo.
El tono desinhibido favorece que, en ocasiones, afloren comentarios obscenos que no filtra, y en un par de relatos se refieren conductas sexuales, en las que no se detiene en exceso, pero justificando un uso desordenado del matrimonio.